08 enero 2007

El hombre de nada

Mayo 2006

Ya no amaba. No sabía porqué, pero no amaba a nada ni a nadie.
El dolor le había vuelto indiferente y frío. Como los cristales en invierno cuando apoyas la mejilla en ellos; frío como la lluvia. Ya casi notaba ese olor al rozar su ropa. Era demasiado, tantas cosas que no había vuelta atrás. Así se habían forjado los días, con el calor y el repentino frío que todo se lleva. Y lo que quedó de aquel rastro, ya se lo llevó el rencor.
Las horas pasaban mirando aquel reloj derretido con la imaginación, o con el calor de ese verano insoluble. Pesado para el que siente. Para el no.
Abrió la puerta y bajó arrastrándose casi como lava por las escaleras, hasta que llegó al portal. Entraba el sol por el cristal de la puerta. Cogió el picaporte y ni se inmutó de lo mucho que éste quemaba.
Salió a la calle, la luz deslumbró sus ojos hasta cegarlo unos momentos. Él impasible comenzó a andar. Y empezó a sentirse mejor, a cada paso que daba dejaba atrás un pedazo de dolor, de rencor u orgullo, dios sabe bien que era, que dejaba a su vez un hueco en su interior. Contento siguió andando, descubrió que había en él cosas que ni conocía, recuerdos tan lejanos… libros perdidos del alma se alejaban ya tras despegarse de la suela de sus zapatos, así como todo lo que le siguió; cada mal sueño, aquello era maravilloso.
Se dio la vuelta y contempló metros y metros de acera invisible, tapada por los que fueron ya tapados desengaños de una vida.
De su suela salieron también cigarros, cuadernos y costumbres, los vicios de una existencia, tan odiados e imitados. Él seguía sonriente, cada vez se sentía mejor, más desprendido de todo, más libre. Vio por el reflejo de un escaparate a su paso salir de si mismo botellas camisas y llaves, un cuadro de Dalí. A su mujer, a su hija, incluso su casa. Vieron aquellos ojos salir tantas cosas, que dejaron de ver desorbitados de felicidad. Alzó la mano y se tocó la cabeza, una cabeza sin principio ni fin, sin pelo, sin cabeza. Alcanzó a tocarse el abdomen, y ya su dolor por la nostalgia había desaparecido entonces, al igual que el mismo. No llegó a descubrir mas partes deshechas tras cuarenta y cinco años, ni llegó a descubrir qué fue de el; simplemente perdió sus manos, caminó eternamente con sus pies.
Desaparecieron sus sentimientos congelados y su cuerpo se desintegró al completo ya que nadie le recordaría jamás aquí. Un hombre despreocupado.
Lleno de vacio, solo como nunca.

By Lucía.

Seguro que a parra le encanta... Muy bueno Lucía, a este paso me haces tu el blog...

Esta ha sido la entrada de hoy, a partir de ahora he decidido que vosotros decidireis que pongo en el blog, si teoría, vídeo o texto de otros autores (vamos, que de Lucía porque no conozco ningun otro...)

Cuando digo vídeo me refiero a uno hecho por mi, aunque se admiten propuestas de todo tipo (porno no).

1 comentario:

Anónimo dijo...

joe, como escribe lucia. ya me gustaria a mi escribir asi.